sábado, 18 de junio de 2016

La semilla ha germinado


En las últimas semanas, he experimentado un hondo sentimiento de satisfacción al trabajar con un grupo de jóvenes que han sabido ganarse su lugar arriba del escenario, el elenco de la novel producción del Taller de Teatro Molière, Mis Batallas.  Texto escrito hace tres años para la última etapa de la primer generación de aquel grupo que habría de convertirme en Directora, pilares que han sabido sortear combates y mantener el barco navegando. 

Después de haber viajado un par de veces con ellos,  supe que era tiempo de escribirles algo a la medida, entonces, sucedió que las noches de dramaturgia se trasformaron en un taller de costura y creación. Los personajes calzaban extraordinariamente. Envié el texto por correo y dos semanas después, me senté a ver lo que llamamos una primer lectura que para mi gran sorpresa,  poco pedía de dirección. Reí tanto aquella tarde. Reí hasta las lágrimas. Reí hasta ese dolor abdominal que no te deja reír más.  Aquellos actores, habían respondido a cada una de las pautas, como precisos danzantes o músicos extraordinarios,  su interpretación era perfecta.

Supe entonces, que habíamos llegado a ese punto donde nos conocíamos perfectamente. Conocía el tono de su voz, el grado de flexión en su rodilla, el margen de su mueca… Ellos por su parte, habían aprendido a leerme, a interpretarme. Un punto, una coma, no hacían falta acotaciones. Estábamos enamorados. Y era la perdición. Habernos enamorado mutuamente de nuestro trabajo, era el camino perfecto hacia la perdición. Nos íbamos a saltar, sin red en el vacío.
Entonces, trabajamos. Arduamente trabajamos. Y el barco iba viento en popa. Dramaturgia y dirección, lista. Producción, lista. Presupuesto, listo.

Un día, se nos notificó que dicho trabajo no podría viajar en la contienda para la cual nos preparábamos… No vimos venir el golpe bajo ¿Para qué quiero esta obra, si no podré tener a su elenco? ¿Para qué sigo haciendo esto? Como siempre, hablamos juntos de nuestras opciones. Yo me sentí fatal. La obra que había venido hilvanando, cocinando y midiendo… Ya no sería más. Decidimos guardar el texto, los vestuarios y cancelar la realización de la escenografía. Íbamos a empezar de nuevo. Nueva propuesta, nuevo texto, nuevo elenco. Y con el corazón apachurrado, iniciamos el proceso de Las Titánides del Hambre, que se convirtió en una muy buena historia.

Mis Batallas quedó guardada en la gaveta de posibles o pendientes. Las obras fueron surgiendo, los elencos rotando, los viajes consumados y los reconocimientos, acumulando. De vez en cuando, la nostalgia nos hacia regresar la mirada y suspirábamos como cuando uno recuerda la dulzura de un amor de verano.



En febrero del presente año, la Mesa Directiva del Taller de Teatro Molière, me notificó, que había decidido sacar del cajón de los recuerdos aquella obra que con tanto esmero creamos tres años atrás. Llovieron polvo y sonrisas.

Para mi sorpresa, la mitad del elenco conformado en el 2013, es hoy la Mesa Directiva del TTM. Ellos saben cómo y porqué hacen las cosas. Entonces,  Director de Actores, Director de Escena y Productor pusieron en marcha a Mis Batallas con el casting. Me mantuve al margen de sus tareas y decisiones. Experimentaron esa angustia de elegir, la incertidumbre de no saber, sintieron esos ojos que exigían un personaje. Finalmente, el elenco se armó. Yo, escuché atenta las razones de mi equipo y correspondí a lo que sugirieron. Confié y ellos con el corazón en la mano, me entregaron a sus actores.

Después viene la Dirección, semanas de encuentro y desencuentro, de reconocimiento. No es fácil echar andar un camino que no has fraguado tú mismo. Me aprendí sus nombres y empecé a leerles. A reconocer la mueca, la mirada, la sed. Siempre de la mano de sus profes de teatro, brújulas de un nuevo proceso. Entonces, mientras dirigía, me percaté –otra vez- de lo mucho que nos conocemos. Sus alumnos, el elenco de la puesta en escena, es el resultado de la multiplicación de esfuerzos que venimos realizando desde hace seis años. Muchachos llenos de la misma energía y deseo. Me siento orgullosa de ellos. Todos, compañía y elenco. Reconozco en cada uno de ustedes, esa magia depositada en sus almas genuinamente. Expresado llanamente, uno no puede negar la cruz de su parroquia, pues.
Al final, hemos llegado al destino esperado, el estreno de una obra que nos ha costado muchas decisiones. La espera ha terminado.