martes, 19 de abril de 2011

BRINCAR EL BANCO

Santos, 45 años.
Malboro, 30 anios.
Ambos trabajan de guardias de seguridad en un banco


Entrada de un banco. Seis de la tarde.

Santos.- (Regresando) Ya mero no.
Malboro.- Ya mero.
Santos.- ¿Ya papeaste?
Malboro.- Le compré una fruta al del carro.
Santos.- Y Velasco ¿ya se fue?
Malboro.- Ya.
Santos.- ¿La trajeron?
Malboro.- Simón, en dos tantos, una antes de abrir y la otra hace rato.
Santos.- ¿Y no dijeron nada? ¿No lo notaron?
Malboro.- (Mirando a su alrededor) Nada.
Santos.- Se sienta tras un escritorio y revisa un monitor. Qué bien. (Le hace una seña a Malboro para que se acerque) Ya me dijeron como hacerle para que se pare la cámara. (Revisa que nadie los escuche. Casi en secreto) Puede ser hoy mismo.
Malboro.- (Despegándose) ¿Hoy? habíamos quedado que hasta fin de mes. (Se pega a la puerta de cristal moviendo su mano en señal de negación) Está cerrado. (Señala su reloj) a las 5. Hasta el lunes. (Regresando) Pinche gente, no entiende.
Santos.- No seas rajón, dijistes que en cuanto supiera lo de esa madre le entrabas y ya sé.
Malboro.- No. Yo dije a fin de mes.
Santos.- ¿Y cuánto falta?
Malboro.- Pos, mañana pagan, figúrate. (Se ríe)
Santos.- (Le pasa un brazo por encima del hombro) Entre más rápido mejor, no seas güey.
Malboro.- Ora ora. (Se despega)
Santos.- (Revisa que nadie los vea) Mira, así salimos más pronto desto.
Malboro.- No por más rápido va ser mejor. El fin de mes andan todos bien correteados, no se fijan en nada, es mejor que esperemos.
Santos.- Ahh, que se me hace que ya te estás rajando. ¿Te estás rajando?
Malboro.- No, nada deso. El dinero bien que me urge, pero no por eso vamos a hacerlo a la pendeja, ¿eda?
Santos.- Cual pendeja, (Baja el volumen y habla con los labios pegados) aquí el único pendejo eres tu, te digo que ya sé cómo moverle a la… (Señala el monitor con los ojos)
Malboro.- Ya sé, ya sé, si no estoy guey, pero igual, me da mala espina que nos adelantemos.
Santos.- No pasa nada. La vez de mi primo también nos adelantamos un poco y que: todo salió bien ira (Traza una línea recta y horizontal con su mano derecha frente a él) Bien tranquis, cada quien con su cada cual y nadie (hace una seña de silencio) ni pio porque nos adelantamos.
Malboro.- No sé. No me late.
Santos.- Mmm que mariquita salistes he.
Malboro.- Yo si lentro, pero como habíamos quedado, antes no. (Se sienta detrás del escritorio y revisa el monitor. Mueve algunas cosas. Acomoda las hojas de registro que están sobre el escritorio)
Santos.- ¿Ya cambiastes las placas de la camioneta?
Malboro.- (Sin voltear a verlo) No ¿pa’ que? Todavía no. No quiero que me paren.
Santos.- Pos deberías de ir cambiándolas, pa’ que sean menos los pendientes ¿no?
Malboro.- ¿Bueno qué traes?
Santos.- Nada.
Malboro.- ¿Nada?
Santos.- (Levanta las manos frente si) Nada.
Malboro.- (Saca una paquete abierto de donitas de un cajón y le ofrece a Santos) La Lili, se trajo su falda azul hoy.

Ambos se ríen. Comen donitas.

Santos.- ¿Y los calzones?
Malboro.- (Riéndose) Blancos.
Santos.- ¿Ya se fue?
Malboro.- Con López.
Santos.- (Sorprendido) ¿Otra vez?
Malboro.- (Riéndose) Le está pegando duro ¿edá?
Santos.- Yo me acuerdo cuando vino a pedir trabajo. Ya hace rato…
Malboro.- Pos si tú estabas aquí desde antes que todos. ¿Cuánto hace que trabajas de guardia?
Santos.- Entré de intendente y estuve ahí como dos años. Limpiando me mandaron primero para Palmas, luego a Carrusel y después ya me quede aquí. Entonces cuando regresé, pregunté por el puesto de guardia, porque pagaban mil pesos y limpiando nomas ocho. Entonces ya hice un etsamen y me pusieron a cuidar los carros en el estacionamiento de atrás, pero ahí nomas estuve unos meses, porque brincaron al banco, le toco a Blanca me acuerdo se puso blanca blanca que chistoso no blanca se puso blanca. (Ríen) entonces el jefe dijo que pusieran a dos aquí pa’ siempre y pos ya me jalaron.
Malboro.- ¿Y quien se quedó cuidando los carros?
Santos.- Nadie ¿Por qué crees que ahora estacionan sus carros allá enfrente? (Señala afuera del banco) Es más friega, porque cada tres horas tienen que sacarlo y volver a entrar, sino les cobran como cien pesos.
Malboro.- No pos está cabrón.
Santos.- Cien pesos son cien pesos.
Malboro.- Si… A mí nomás me han mandado a la calle cuarta, pero está bien tranquilo ahí.
Santos.- Si, aquí no porque es la sucursal más grande y además son las oficinas. Los gerentes entran y salen a cada rato, y los ejecutivos de vez en cuando pero los conozco a todos porque primero tienen que pasar por aquí antes de subir.
Malboro.- ¿Y el Velasco?
Santos.- (Lo mira con complicidad) A veces no se va.
Malboro.- Hoy se queda. Lo escuche.
Santos.- ¿De veras?
Malboro.- Simón.

Santos va hacia el monitor y le mueve algo, cuando termina lo voltea para que Marlboro lo vea. Este ve la imagen congelada. Mira a Santos.

Santos.- Ya van a ser la siete. No va quedar nadie. (Malboro lo mira en silencio. Santos retador) Ahí traigo la pistola, en el carro.
Malboro.- Será hoy.
Santos.- (Satisfecho) Hoy será. (Regresa el monitor a su lugar) Ve y cambia las placas.
Malboro sale.


Oscuro

Tijuana, 2011.

Benson Dorados

Mujer
Hombre
Chica


La escena inicia en un abarrotes ubicado en una colonia muy pobre. Dentro se encuentra un hombre de 45 años, es un cliente. El hombre toca la rejilla con una moneda y nadie atiende. Mira a su alrededor esperando por alguien que le pueda ayudar. Entra una mujer mayor con prisa y en su caminar un cojeo se hace evidente. Trae ropa vieja y unas chanclas todas de plástico color crema.

M: ¡Muévele, muévele!
H : ¿Qué pasa?
M: ¿Pos que no huele? Ámonos.

Se escucha un sonido de sirenas en progresión. Salen corriendo del abarrotes y se paran en la acera de enfrente para ver lo que está pasando.

H: ¿Qué se está quemando?
M: El taller de junto. Nomás con que no se venga el fuego pa’ la tienda…
H: (Tose) ¿Es suya?
M: ¿La tienda? Si, es lo único que tengo. (Ella se asoma, intenta ver lo que pasa en medio de las nubes de humo) ¿Qué quería comprar?
H: Unos cigarros. (Tose) ¿No le hace daño respirar el humo? (Tapándose la boca y nariz con su ropa)
M: Mmmm, que daño me va hacer a mí el humo. No tener que comer es lo que a uno lo mata, que no. ¿De acuales fuma?
H: Benson. (La mira) Mentolados.
M: Tan re malos esos no, ¿es joto?
H: ¿Qué?
M: Pos no mas digo, esos cigarros son de jotos, no saben a nada.
H: ¿y usted de cuales fuma?
M: Ya no fumo, porque el vicio sale caro y ni modo que me chingue mi mercancía eda? Orita vengo. (La mujer corre hacia el abarrotes y se pierde entre el humo)
H: ¡Senora!
(Una chica se aproxima al hombre)
Ch: ¿A dónde va?
H: Se metió a la tienda.
Ch: ¿Va por alguien? Ya vienen los bomberos.
H: No, va por unos cigarros.
M: ¿Qué?
H: Yo iba comprar unos cigarros cuando empezó a quemarse todo…
Ch: (Lo interrumpe) ¿Fue por los cigarros que usted iba comprar?
Llegan los bomberos y les piden retroceder a un perímetro.
H: ¡Hay una mujer en el abarrotes!

Se escuchan y ven las sirenas, crece un ruido de voces de vecinos expectantes. El hombre y la chica esperan juntos a que salga la mujer. Un bombero saca a la mujer caminando, ésta viene toda llena de tizne. La ayuda a sentarse sobre una piedra. El bombero sale. La mujer está a punto de desmayarse. El hombre y la chica observan de lejos lo que sucede. Entra el bombero, le brinda a la mujer una mascarilla de oxigeno y después le limpia el rostro con un paño. El bombero le hace una señal al hombre, este se acerca.

M: Le dije que los benson mentolados son de jotos, no tenía desos. Nomas dorados.
H: Hay señora. (Se acerca para tocarla)
M: Son treinta cinco pesos y eso sin contar todo el humo que me trague.



Tijuana, 2010.